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Concierto de Pablo Alborán

La vida debería ser como un concierto de Pablo Alborán…bueno literalmente, no, pero a ver si captáis mi idea. Hablo de los ideales. En la vida hay que tener ideales y parte de ellos deben ser románticos. ¿Por qué? Enamórate y lo entenderás.

Uno debe aspirar a ser capaz de cantar las emociones hasta que le llamen “loco” y no flaquear en el intento, porque es en la locura dónde ocurre la magia, dónde uno se sale de la cuadrícula de lo que marca la vergüenza y el sentido del ridículo y es ahí cuando uno empieza a sentir que se abre al mundo, se empapa de él y se siente vivo. Uno debería levantarse todas las mañanas de la misma forma que la mañana tras el concierto, con la miel en los labios pidiendo más.

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Que te venga un hombre en condiciones, con presencia, con su pelito bien cortado y peinadito hacia arriba, la barbita cuidada de tres días, una camiseta de icono original bien planchada, unos vaqueros marrones a juego con el castaño de su pelo y unas converse, a tocarte la guitarra española agarrándola con unos brazos fuertes, y cantarte con arte y dulzura palabras que hablan de amor, hace que te enamores. Si luego ya te invita a cenar, te acerca la silla para que te sientes, te sirve una copa de vino tinto, te coge de las manos y te dice “No aguantaré sin tí, no hay forma de seguir, así” entonces te acabas de enamorar de Pablo Alborán. Pon un Pablo en tu vida.

Por supuesto que Pablo es parte de un negocio multimillonario. Lo que él hace en el escenario tiene que dar para el sueldo de mucha gente a su alrededor. Uno no se levanta así todas las mañanas rompiendo corazones por doquier sin el trabajo de un estilista detrás.

Su nombre artístico es aún más interesante. De nombre de pila Pablo Moreno de Alborán Ferrándiz (que vaya nombres se gastan en Andalucía),  Pablo Alborán es como un juego de letras (casi) especulares sonoras. Su nombre suena y combina tan bien como su voz con el pelo castaño y sus vaqueros marrones.

Físicamente podría considerarse el Ryan Gosling español y musicalmente, un futuro Luis Miguel. Uno no llega a sumar 30 discos de platino en Europa en poco más de dos años y acaparar un rango de edad femenino desde la niñez de aquellas que cantan en el coche con sus madres hasta las que aún han bailado el chotis con sus maridos en el prado de fiestas este verano sin llevar de serie cierto talento musical antes que la discográfica comercial. En efecto, Pablo no sólo canta, sino que toca la guitarra, el piano, juega con la voz, baila y te versiona “La Vie En Rose” en francés con un acento más que aceptable. Y es que Pablo -encima- tiene raíces francesas. Ya sé, mujer, que ya te lo estás imaginando en un café de París.

Agradecí la puntualidad del concierto. A las diez en punto. Para una chica madrileña como yo, curtida en conciertos, como en el de los Backstreet Boys haciendo cola cuatro horas antes para entrar y después esperando cuarenta minutos de retraso, es de agradecer. Dos horas de espectáculo en directo bien elaborado, cercano al público, sin grandes florituras porque no va con su estilo pero intenso. Es de esos artistas sólidos que el panorama español musical necesita y que tienen mucho que aportar.