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Ganar Dinero en Internet

Michael Phelps fotografiado por Annie Leibowitz para un anuncio de Louis Vuitton. La antítesis de este post.

Inexorable. Qué bella palabra. Significa inevitable. Pero suena mejor. De inexorable crecimiento podríamos describir los negocios en internet. O mejor dicho, los e-negocios. E-business.

A ver, ¿Quién no quiere ganar dinero con el mínimo esfuerzo? Pues ahí yace la magia de internet. Se trata de un universo paralelo al real, aunque siendo virtual es más palpable que la constelación de Vulpécula de la cuál no has oído hablar nunca y que significa Zorra o Raposilla. Ya sabes, un nuevo insulto. “¡Vulpécula! ¡Que eres una vulpécula!”

Que en primero de carrera de comunicaciones, en la asignatura Intro to Media 1.0 me explicasen los beneficios de internet como fuente de información está muy bien, pero a estas alturas del percal yo diseñaría una nueva asignatura que se denominase <<cómo hacerte millonario en un sólo click 3.0>>. Cómo trabajo para casa, analizaremos este video.

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Empieza bien, con un temazo de Will Smith, “Gettin´Jiggy Wit It”, el cuál conozco muy bien porque cuando estaba en 2º de la ESO hicimos un baile para el Concurso de Talentos con compañeras del colegio y aún recuerdo unos pasos. Vale, habéis captado mi atención nostálgica. Y ahora me sacáis a Spiderman entrando con una maleta en un hotel. Esto promete alguna risa que otra, aunque sólo sea por ser ridículamente malo el video. Entra en escena Batman. Batman y Spiderman se reencuentran y mantienen un romance en la playa que ni en el comienzo de la película de Grease. Salen los créditos y dicen: “Justin Bieber, si estás leyendo esto, TE QUIEROHHH”.

Pues si votas esto estás contribuyendo a que ganen $10.000. Analicemos costes de producción:

– 2 canciones, sin pagar derechos de autor.

– Tres amigos, uno de ellos que trabaje en un hotel.

– Dos disfraces. NOTA: ANONIMATO.

– iPhone 4. Esto ya encarece el precio. A no ser que te lo haya regalado la compañía por solicitar portabilidad. O que lo hayas robado y liberado.

– Software edición de vídeos Sony Vegas Pro 12, que seguro puedes descargar gratis en la web de Softonic.

– Internet. Gratis si es con Wifi de algún sitio.

Por si no habeis captado la idea aún…que te escondes tras una máscara, haces el mongui, consigues que te voten en internet y ganas dinero. Si encima te atreves a poner tu propia cara a la vista y tienes algo de talento, como esta tipa, quizás te conviertas en el próximo Justin Bieber.

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Hasta hace unos años, un músico tenía que conseguir que una discográfica escuchase su pista y se la comprase para empezar su carrera profesional. Un escritor tenía que conseguir que una editorial le leyese la novela y se la comprase. Un periodista, que un periódico le comprase la historia. Un fotógrafo, lo mismo. Hoy en día, no. Basta con subir un video en Youtube o publicar algo en tu blog. Es gratis, y, si te atreves a diseñar tu propia página web, puedes hasta hacer de tu opinión subjetiva, una legítima. Puedes vender tus creaciones caseras artísticas de papel de periódico reciclado por internet y montar tu propio negocio. Puedes hacerte fotos, retocarlas con Instagram y pasar por modelo, conseguir seguidores en Twitter y crear tu propio valor añadido al cual querrán asociarse marcas y ganar dinero.

Antes, para ser una celebrity, tenías que hacerte fotografías analógicas con algún director de cine en algún bareto de Nueva York. Si la foto te la hacía Andy Warhol y salías junto a Woody Allen, posiblemente estés leyendo este post desde tu cama ovalada con sábanas de seda en tu penthouse de la quinta avenida con vistas a Central Park. Hoy en día basta con ser originalmente activo en Twitter y publicar #tunicho para hacerte famoso.

¿Tienes internet y aún te quejas del paro?

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Grand Prix de Les Sables D´Olonne

Ya casi está. La fase final de rehabilitación; la reincorporación a los entrenamientos. Una fase delicada por ser susceptible de recaídas. “El cuerpo te pedirá más, pero ten la suficiente fuerza de voluntad como para hacer menos” fueron las sabias palabras del Dr. González, mi traumatólogo. En teoría, no debería competir hasta dentro de un mes mínimo, pero en la práctica…en la práctica estaba aterrizando en París esperando a ser recogida por mi equipo francés. Ya estaba inscrita desde hacía tiempo y si no asistía, el equipo entero no podría participar y perderían el dinero. Yo debía salir aunque luego me retirase, pero afortunadamente no tuve molestias durante el triatlón y pude terminar.

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Siempre es buen momento para darse un paseo por París, aunque sea en furgoneta atravesando la ciudad con tráfico denso. Yo había vivido allí en la primavera del 2008 y desde entonces no había vuelto. Después viajamos más de cinco horas hasta Les Sables d´Olonne, al suroeste de Francia. Una vez allí fuimos a correr las chicas y yo por un caminito de tierra al lado del Atlántico para activar las piernas tras el viaje, y después un poco de bici para reconocer el circuito. La temperatura del agua era de 16 grados, pero allí estaban los niños en calzoncillos bañándose y corriendo por la arena como sacados de un lienzo de Sorolla.

El horario francés me sienta bien para descansar y recuperar horas de sueño. Me desperté a la mañana siguiente con tiempo para realizar media hora de estiramientos antes de desayunar…quizás debería hacer eso todas las mañanas en casa…ponerle un candado a la cocina y a internet hasta las 9 de la mañana…¡Cómo aprovecharía las mañanas!

El ambiente que se respira antes de un Grand Prix es relajado, cada equipo tiene una zona de transición asignada y los técnicos, Laurent y Benjamin, están pendientes de ayudarte en todo lo que necesites. Esta vez me nombraron a mi capitana del equipo para firmar el control de jueces, escoger cajón de salida y traducir los mensajes del francés al inglés.

Desde línea de salida al agua había que correr 100m de playa, que no es que sea mi especialidad (aún) y hacer el delfín contra las olas, que es un gesto que quería evitar para mi hombro, por lo que salí de la natación en la posición 34, 1´30″ más lenta que la primera. Tampoco me preocupa dado que este año he pasado más días sin nadar que nadando y sólo llevaba una semana haciendo 2000m diarios variados y suaves. No me dolió el hombro nadando con neopreno en el mar y eso era lo más importante.

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Me subí a la bicicleta y sólo pensé en remontar. Eran 5 vueltas de 4.4km con bastantes giros, un poco de subida, bajada y asfalto mojado por llovizna…¡A disfrutar! Parcial número 14, que a excepción de dos escapadas, me situa en los mismos tiempos que el grupo principal. Como de costumbre, las chicas a rueda esperando que haga el trabajo la motivada de turno como yo.

Carrera a pie en la que me encontré pesada y no hay nada mejor que ese momento en la vida para darte cuenta de dónde estás, a dónde quieres llegar y la distancia que te queda por recorrer…literal y metafóricamente hablando.

Entre en meta en 22ª posición, puntuando para mi equipo que ascendía a 7ª puesto en el ranking y tras un buen trabajo del resto de mis compañeras de equipo.

Después del triatlón fuimos en furgoneta hasta Autun, ciudad muy bonita de estilo medieval amurallada de donde es mi equipo francés. Allí pasamos la noche Sarissa y yo en casa de un matrimonio de dos triatletas del equipo, veteranos ya que participarán en el Ironman de Niza, él con 66 años! A la mañana siguiente nos acercaron a París para tomar el vuelo de vuelta a casa. Agradecerles enormemente el favor. Bon courage!

The Blackberry Blackout o el Coma Tecnológico

A los usuarios de Blackberry ya nos funciona internet otra vez después de que la compañía se declarase durante 3 días en luto oficial mundial tras la muerte de Steve Jobs. Qué considerados.

Aparentemente se les fue la luz…alguien debió de apretar un botoncito sin querer; quizás fuera la señora de la limpieza con el plumero o quizás fuera un directivo siéndole infiel a su mujer con la secretaria, el caso es que alguien apretó el botón en RIM (Research in Motion, la compañía canadiense que gestiona los servicios de internet de BB) y por casualidades de la vida, el dispositivo de seguridad de dichosito botoncito también falló, y entre que lo volvieron a apretar, la mayoría de los 70 millones de usuarios globales de BB nos hemos quedado con las funciones clásicas de un móvil de hace 10 años durante 3 días. Ha sido el equivalente a un coma tecnológico.

A las compañías telefónicas les han hecho el agosto, porque a mi no me van a devolver el precio equivalente a 3 días de tarifa plana de internet en el móvil y sin embargo les han resucitado los gastos en SMS, una especie en extinción.

Yo por mi parte he podido experimentar las 5 etapas de duelo en el fallo Blackberry, también conocido en psicología cómo el modelo de Kübler-Ross, que se definen cómo:

1. NEGACIóN= No puede ser que no me funcione internet.

2. IRA= ¡Cabrones de la multinacional que aún no han arreglado esto!

3. NEGOCIACIóN= Venga, no pasa nada, aguantare un día más sin chat.

4. DEPRESIóN= ¡3 días sin chat! ¡Yo así no puedo vivir!

5. ACEPTACIóN= Me compraré un iPhone…

Mientras los telediarios planteaban ayer la pregunta de si podemos vivir sin Internet -pregunta mal formulada, yo Internet seguía teniendo en mi ordenador, la pregunta acertada debería ser si podemos vivir sin Internet en el móvil – y mientras Eduard Punset prepara su próximo artículo para la revista Psychologies entre anuncio y anuncio de Pan Bimbo, yo intentaré responder la pregunta citando a una profesora de literatura que tuve en 2º de Bachillerato. En las palabras de Miss Laura, “Hay cosas que una vez las conocemos, ya no podemos vivir sin ellas”. Evidentemente Laura no se refería a Internet en el móvil sino al culto de leer. Laura decía que ella evidentemente podía sobrevivir sin leer, pero una vez conoció la lectura, era algo que necesitaba en su vida. Gran profesora. Personalmente creo que un profesor es bueno cuando se convierte en memorable; cuando con el paso de los años, recordamos con exactitud alguna enseñanza suya, y, aunque en el momento presente no la hayamos sabido emplear, llega un momento a lo largo de la vida en el que nos es útil.

Yo pertenezco a la generación de los impacientes. En realidad los de mi generación somos muchas cosas, coexistimos en armonía los Big Mac™ con los Nini®. Es decir, los de “me voy a comer el mundo” con los de “ni estudio ni trabajo”, pero en términos de comunicación social, tendemos a definirnos por ser impacientes gracias a la tecnología dedicada a la comunicación instantánea. Windows Messenger, AoL, Facebook, Tuenti, Twitter, WhatsApp, Blackberry Messenger además de los correos electrónicos son ejemplos de comunicación instantánea por Internet global y sin costes extra de tarifas de roaming como ocurre con los SMS a móvil. Pienso algo y se lo puedo contar a Fulanito en el mismo momento por chat cómo si estuviéramos juntos en ese instante, o veo algo y le puedo enviar por chat una imagen fotografiada por la cámara de mi móvil a Menganita como si ella estuviera viéndolo conmigo a la vez. Gracias a esto podemos estar conectados virtualmente con alguien aunque físicamente estemos solos. Esto favorece otro fenómeno, la comunicación banal. Un chat en el móvil, como es la aplicación WhatsApp, permite escribir cualquier tontería que se me pase por la cabeza, mientras que, si tuviera que esperar a la noche a contarla durante la cena o una llamada telefónica, muy probablemente ya se me hubiera olvidado o no tendría sentido en el contexto de la conversación interpersonal física.

En definitiva, Internet en el móvil es un lujo tecnológico el cual una vez hemos descubierto, no es que no podamos, es que no queremos vivir sin él, que además de ser un servicio, es un factor que ha afectado y evolucionado la forma en la que nos comunicamos unas cuantas generaciones de jóvenes a nivel global.