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El Diario de Marta Jonez

Bridget-Jones

Hacía tiempo que no escribía en mi blog. Principalmente por dos motivos aleatorios; uno, habían empezado a pagarme por escribir en otros sitios, y dos, me aburrí de tratar de vender la idea de triatleta ejemplar. Posts explicando los buenos resultados y posts justificando los malos. Una pobre autobiografía para tratar de justificar patrocinadores.

No voy a vender que soy una triatleta ejemplar porque más bien soy todo lo contrario. Más bien me siento al estilo de Bridget Jones.

Peso: 1225 kilos.

Cigarrillos Chocolates: 1 de cereales rellenos

Alcohol: 1 copita de vino tinto con corcho (nunca compres el abre-botellas más barato de los chinos)

Sexo: jejeje

Sesiones de entrenamiento esta semana: 4

Y en vez de encontrarme muerta en mi apartamento siendo devorada por pastores alemanes me encontrarán con cinco galgos adoptados.

En fin, cumplir 28 años a mi es algo que me afectó muchísimo. La crisis más grande de mi vida después de que los Backstreet Boys se separasen…Porque te das cuenta de que la frase de “cuando me haga mayor quiero ser…” se acaba de cumplir y no estás precisamente en el punto en el que te imaginaste.

No tienes un chalet con un jardín zen, ni un deportivo descapotable aparcado en el garaje.

Por otro lado, tengo una formación académica bastante buena que estaba empezando a caducar. Resulta que ahora o tienes un máster o tienes una amplia experiencia. Así que, sin máster y sin experiencia, no te contratan en ningún lado. Por lo que, decidí ponerme manos a la obra.

Conseguí dos trabajos. Resulta que en las generaciones de ahora necesitas dos medios trabajos para tener un sueldo entero. Me mudé a un barrio con chalets modernos y descapotables…solo que sigo sin poseer ninguno de ellos…

Y tengo un plan.

Un plan que espero compartir con vosotros, no porque tenga que justificar resultados sino porque pertenezco a una generación que padece de egocentrismo virtual.

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Ahora lo ves, ahora no lo ves

Esta pasada semana me operaron de la vista para quitarme la miopía. No es que tuviera muchas dioptrías pero entrenaba y competía sin gafas ni lentillas por lo que estoy deseando poder bien las boyas en los triatlones así como adelantarme a los baches en bici en vez que verlos una vez encima. Seguro que esquiando y en otros menesteres también lo agradeceré.

El procedimiento para quien no lo conozca es el lasek pkr y para que os hagáis una idea, me echaron alcohol en la córnea, luego me pasaron un láser por encima y me pusieron unas lentillas para dejar que se regenerase el tejido dañado durante una semana. El post operatorio es más incómodo que el otro procedimiento de lasek pero también más rápido y recomendado para el deporte. Se trata de una intervención sencilla pero algo costosa, aunque si nos ponemos a echar cuentas de la cantidad de dinero que nos vamos a dejar en gafas a lo largo de la vida, sale más rentable.

El médico te dice que el primer día tras la operación hagas reposo ocular pero que al día siguiente ya vida normal….normal normal…la misma que un invidente. Vamos que he estado unos días sin ver. Eso te da la oportunidad de empatizar con aquellos que realmente lo están.

Para las especies bípedas en general, es decir, los humanos y las aves, la vista es el sentido más desarrollado. Para aquellos que no han estudiado antropología biológica, tiene que ver con la reestructuración ósea por efecto de la gravedad al evolucionar al bipedeltalismo además de la adaptación para sobrevivir bajo las demandas de aquella época. Eso permitió reestructurar un cráneo en el que el cerebro tenía más espacio para desarrollar su neocortex (la parte racional) y la vista a la vez que reducia espacio para los sentidos del olfato y el oído.

No poder ver limita mucho las acciones, como por ejemplo no puedes usar el ordenador ni el móvil, lo que significa que te desconectas del mundo aproximadamente en un 90% y tampoco puedes dedicarte a tus áreas de trabajo y estudios. Tampoco puedes ver la televisión ni leer, actividades básicas de reposo hogareño. Dedicarte a hacer puzzles o montar una estantería de Ikea, que básicamente pertenecen a la misma categoría, tampoco. En cuanto a los cuidados de estética femenina que incluyen un espejo y unas pinzas (aquello que hacemos cuando nos encerramos en el baño) rien de rien. Comer se convierte en un acto de fé, especialmente con las espinas del pescado. Al volante de un vehículo eres un peligro y socialmente hablando te conviertes en una celebrity que va con las gafas de sol grandes puestas a todas partes, incluso en interiores.

Deportivamente hablando, claro está que ésta es una intervención para hacerse en época de descanso. No obstante, algo había que moverse y la elíptica se convierte en tu mejor aliado porque estás en interiores y en seco, evitando el aire molesto en los ojos, pudiendo secar el sudor antes de que penetre en zona ocular, no hay impacto para mejor regeneración de la córnea y es estático, por lo que no necesitas ver. Cabe decir que uno puede sentirse bicho raro al estar con las gafas de sol dentro del gym pero sirve como ejercicio para fortalecer la personalidad a nivel psicológico…

Pero también hay una lista de cosas positivas que se obtienen de estar limitado de la vista, como por ejemplo, ahorras en luz puesto que al ser altamente sensible a la luminosidad de repente te sientes gato. Quizás si todos fuéramos más sensibles a la luz consumiríamos menos, contaminaríamos menos y tendríamos menos problemas medio ambientales…es mejor medida que adelantar 1 hora el reloj en invierno y que se haga de noche a las 6 de la tarde…

Volviendo a la elíptica, al cerrar los ojos puedes entrenar la propiocepción y ser más consciente del movimiento de tu cuerpo y acción de cada músculo. Pero la propiocepción que puedes desarrollar con los ojos cerrados no es sólamente a nivel neuromuscular sino también sensorial al escuchar la televisión. Eliminando la imagen adquieres mayor consciencia sobre las bandas sonoras. La dirección musical en una película o serie es importante como la fotografía y requiere un director independiente que se coordine con el director de la película. Para aquellos que son cinéfilos y para los que no lo son tanto, merece la pena escuchar (que no es lo mismo que oír) la banda sonora pues es un arte en sí mismo (en unas películas más que otras). De carácter sensorial es también volver a escuchar la voz por llamada de aquellos con los que chateas por Whatsapp, porque reconozcámoslo, muchas veces chateamos no por ahorrar dinero sino porque nos da pereza llamar.

Luego descubres un efecto que podríamos denominar la parábola de Facebook, es decir, cinco días de desconexión para darte cuenta de la cantidad de basura virtual que digerimos por los ojos cada día. Y es que últimamente a M. Zuckerberg se le ha antojado que nos enteremos de información a la que no nos hemos subscrito, que aparezcan notificaciones de grupos que no nos gustan y que te informen de eventos a los que no te has apuntado, por no mencionar mucha información que a veces es mejor no ver. Yo, como graduada en Comunicaciones, creo en la razón de ser de las redes sociales pero tanta actualización en el software de Mark está haciendo que se quede, más bien, aburrido. Lo mismo se puede decir de la pantomima poco profesional del periodismo español y la habilidad para rellenar minutos con noticias que no deberían serlo. Parece ser que la crisis ha reducido la plantilla de periodistas dispuestos a desplazarse y a conducir una investigación sustanciosa para limitarles a buscar vídeos más vistos por youtube y entrevistar a los que pasean por el barrio.

Cuidad la vista, que es el mayor de nuestros sentidos, pero también aprended a usarla, pues hay muchas cosas bellas en el mundo que requieren de un ojo crítico e inteligente para ser vistas más allá de nuestras narices.

Hacía tiempo que no salía…

Salir por la noche es también una actividad que se entrena; una no es consciente de su desentrenamiento hasta que engancha dos días seguidos hasta las 5 de la mañana. Es una actividad que requiere por un lado resistencia física a la somnolencia y por el otro habilidad técnica así como un material de competición adecuado al circuito.

Sábado por la mañana y te despiertas tras la salidita del viernes pletórica, con el maquillaje corrido -eso sí- creando un efecto de smokey eye, pero pletórica por aprovechar el sábado. Decides ir de compras porque te sientes más creativa que el presentador de Bricomanía, así que te desplazas -en coche- hasta el Leroy Merlin más cercano. Primer bajón del día cuando ves que el resto de los madrileños han tenido la misma ocurrencia que tú y el parking del centro comercial está con overbooking. Segunda parada, una tienda de animales en la cual dedicas cuarto de hora a ver crías de rata porque te lo puedes permitir, porque no tienes que entrenar hoy sino descansar. Tercera parada en el Carrefour…estrés máximo porque a nivel etológico (biología) hay un exceso de individuos buscando comida y eso despierta un instinto arraigado en lo más profundo de nuestros genes para asegurarnos la energía vital. Total, la mañana entera para tres tiendas.

Tarde de comer tranquilamente, de película en el sofá, de construir lo que compraste para la tortuga y de pasear al perro. Se acerca la noche y te puedes permitir el lujo de dedicar una hora a arreglarte. No hueles ni a cloro ni a sudor, te exfolias la piel, te das cremita y te acuerdes de la plancha de pelo que compraste hace tres meses y que aún no estrenaste. ¿Y esto cómo se usa? ¿Y qué me pongo? Falda-pantalón, mónica naranjo-mónica limón…¿Así que esto es lo que hacen el resto de las tías normalmente?

Consigues salir de casa para meterte en el caos del tráfico en Madrid un sábado por la noche y dar vueltas al barrio de Salamanca buscando dónde aparcar. Finalmente llegas al restaurante donde has quedado con tres amigas para acabar hablando de hombres y ropa y que aquello parezca una escena sacada de Sexo en Nueva York.

Durante la cena empiezas a bostezar de sueño, signo encomiable de la falta de entrenamiento tras la sesión del viernes. La cosa empeora a eso de la 1 de la noche cuando os encontráis sentadas en un mejicano tomando margaritas. Bueno, ellas margaritas y tu agua, que aunque seas triatleta fuera de servicio sigues queriendo cuidar tu salud y los puntos del carnet de conducir. El pulso baja, la vista se nubla y tratas de mantener una conversación en modo delfín con medio cerebro durmiendo.

2 de la noche y nos adentramos en uno de los antros más famosos de la movida madrileña: La Vía Láctea, en el barrio de Malasaña. Paredes y techos empapelados con carteles de grupos de música, mesa de billar y canciones retro crean ambiente en un bar que solía frecuentar Mecano. Los 10 minutos se transforman en 2 horas. El servicio atascado y reconvertido en ciénaga. Los botines de tacón que empiezan a hacer mella en los metatarsos, de ahí la importancia de una buena equipación de competición.

La cosa termina a las 4 de la mañana con una amiga mareada en la calle y tu entrando en una tienda de chucherías a por una botella de agua mientras los chinos venden cervezas en la calle. La peña está fatal, es que no hay otra forma de describir la cantidad de almas borrachas que invaden las calles. “¿A dónde vas guapa?” te preguntan al pasar, a ti te lo voy a decir… ¡Me siento como en un episodio de Walking Dead! 

Y yo me pregunto, ¿Es esto todo lo que tiene la noche que ofrecer? ¿Calles y bares llenas de gente dopada con alcohol, nicotina y demás sustancias? Sí, es divertido pero prefiero llenar mis fines de semana de entrenamientos y competiciones. Al final viene siendo lo mismo: una hora para preparase antes de la salida, bebidas energéticas, desgaste físico, contacto con otros individuos, conversaciones sobre la vida de cada uno y sensación de triunfo o derrota. Y preguntaréis, ¿competición de qué? La vida entera es una competición por el simple hecho de la recombinación genética y las leyes de Darwin. Bien estés compitiendo por ser el mejor en una disciplina deportiva o bien por ligar esa noche, al final todo se resume a ver quién tiene la mejor genética.