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Sé vulnerable

La vida puede ser muy emocionante. De hecho; debe. Sino; habrás pasado por ella sin llegar a entenderla.

Tengo veintinueve años de Marta. Veintinueve años de experiencias, de kilómetros recorridos, de gente conocida, de comidas ingeridas y de horas soñadas. Veintinueve años de risas y de lágrimas, de dudas y de lucidez mental. Veintinueve años con este cuerpo, esta cara y atrapada en esta mente que a veces me ha hecho tener la cabeza dentro del culo -con perdón de la expresión- pero también me ha sorprendido con grandes pensamientos y acciones.

La habilidad de sorprenderse a uno mismo. No a otras personas, sino a uno mismo. Esos momentos en los que uno consigue abstraerse del propio autoconocimiento y propiocepción para dejar que todo fluya de manera natural, según sale, y sorprenderte con el resultado. Hay dos escenarios en mi vida en las que he experimentado esa grandiosa sensación de la autosorpresa -llamémosle la “selfie-surprise“- uno, en competición deportiva cuando llegas con una buena preparación, entonces entras en “la zona” de concentración mental en la que la mente se abstrae de todo pensamiento que no sea el que estás haciendo en ese preciso momento y la lectura de los próximos instantes en la competición hasta la meta, para experimentar como tu cuerpo responde, sorprendiéndote con su rendimiento, porque, en realidad, en el entrenamiento, no has dejado lugar para sorpresas.

El segundo escenario ocurre cuando llevo cinco cervezas…..es broma. Me bastan tres.

El segundo escenario ocurre cuando sales de la zona de confort para entrar en zona mágica. Es necesaria también la abstracción de la propia consciencia de uno mismo, para vivir en ese preciso instante, saborear cada segundo, olvidarse de la apariencia del propio ser fente a los demás para ser completamente vulnerable a todo lo que pueda venir en esos momentos mágicos, tanto para bien como para mal.

Ser vulnerable no es una debilidad, sino una fortaleza. Uno puede basar su vida en el autocontrol y la protección de la vulnerabilidad, creyendo que eso le hará más fuerte cuando en realidad, hace más cobarde.

Sí, cuando uno es vulnerable se expone a decepciones, a la vergüenza, al miedo y a la duda de la propia valía de uno como persona, pero también se expone a la alegría, a las respuestas positivamente inesperadas de otros, al crecimiento personal y a la sensación de conectar con uno mismo y aquello que le rodea, sea el amor, la amistad o la naturaleza.

Ser vulnerable también significa serlo con uno mismo. Aceptarse a uno mismo, con sus “cagadas” y sus éxitos. Es también saber, que nada en esta vida es eterno. Que el blanco es un color y el negro es la suma de todos. Que los colores no son más que meras refracciones de rayos de luz y que el verdadero arcoiris es el abanico de emociones con el que vivimos cada día. Saber que lo único certero, es la muerte, y que hasta entonces, merece la pena dar muchas vueltas. Cuando uno llegue a anciano, la vitrina de las medallas será algo a lo que quitarle el polvo y que serán sólo los recuerdos, aquello que haya valido la pena.

Sé vulnerable. Sé intenso. Sé crudo.

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Creer en uno mismo

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Cuando me presenté a delegada de la clase en sexto de primaria, claramente no era la favorita. Beatriz Botella, la otra candidata, era mucho más popular y yo en cambio era esa chica más bien callada que pasaba desapercibida. Cuando empezó sexto de primaria, era también el año en el que cambiábamos de edificio en nuestro colegio para estar con los mayores. Si había un año en el que ser delegado era importante, era ese, porque era el año en el que empezabas a formar parte del mismo edificio que los antiguos alumnos de COU que te sacaban seis años. Así que, cuando la profesora dijo que quien quisiera presentarse a delegado tenía 5 minutos para preparar un discurso que presentar a la clase para las votaciones, no lo dudé un segundo. Yo quería formar parte de la toma de decisiones y creí en que estaba capacitada para representar a mi clase. En aquel momento descubrí que se me daba bien dar discursos y hablar en público, hecho que años más tarde quedaría confirmado sacando un 10 en la asignatura de Speech en la universidad americana. En cinco minutos escribí un discurso convincente. Beatriz Botella, la popular de clase, había escrito sólo cuatro líneas, mientras que yo en cambio rellené un folio entero con razones por las cuales sería mejor delegada. Gané por mayoría absoluta contra todo pronóstico. La clave: creí en mi misma.

La segunda vez que sorprendí a mis compañeros de colegio fue al curso siguiente. Era 1º de ESO y aún tenía 12 años -Fue el año en el que empecé a entrenar triatlón- y los alumnos de mi clase decidimos preparar la obra de teatro de West Side Story para la asignatura, que luego representaríamos delante de todo el curso. Era de mis musicales favoritos, me lo conocía de memoria porque tenía el VHS en casa y no podía desaprovechar la oportunidad de tener uno de los papeles protagonistas. Así que cuando la profesora preguntó quién quería ser Anita y mis compañeras aún se dedicaron a mirar cuántas frases tenía Anita en la obra, yo ya había levantado la mano la primera y me lo adjudicaron. No obstante, yo aún no era de las que más participaba en clase, por lo que se dudaba de que fuera a hacer bien un papel protagonista. Pero llegó la escena de “I Want To Live In America”, con un sólo de Anita y cuándo empecé a cantar en el centro del escenario y a bailar y a dar vueltas de un lado a otro mientras soltaba aquellos versos, sorprendí a la clase, me gané la confianza de mis compañeros y la profesora de matemáticas María Teresa alucinó porque me tenía por tímida. La clave: creí en mi misma.

En el mundo del deporte gustan mucho las teorías del si se nace o se hace, del VO2máx, los test de ácido láctico y los watios que se mueven en bici. Yo, francamente, no tengo ni idea de cuales son mis valores, ni de si son buenos, ni de si tengo genética o no. Sólo sé una cosa, que cuando he creído en mi misma, he tenido resultados, y cuándo he dejado de creer, he dejado de tenerlos. En mi opinión, sólo hay una receta para el éxito y es esa. La disciplina y el sacrificio vienen solos sin esfuerzo cuándo se cree en lo que haces.

A nadie la gusta limpiar o recoger los platos de una comida, pero el otro día me encontré a mi misma ayudando a mi abuela tras una comida, concentrada en lo que hacía sin esfuerzo porque en ese momento estaba creyendo en lo que hacía. Sea lo que sea, cuando crees firmemente en lo que haces, no existen las dudas, y si no dudas, no te planteas otras alternativas, por lo tanto no eres consciente de que estás esforzándote en algo o sacrificándote porque el sacrificio implica la consciencia de aquello que se sacrifica o se deja de lado (y eso aporta negatividad no deseada).

En el pasado he tenido la suerte de poder observar como gente con grandes resultados deportivos entrenaba, gente de la talla de Javier Gomez Noya o Bárbara Riveros, y yo no destacaría sus cualidades técnicas o genéticas, a las cuales se les pueden sacar defectos, sino más bien destacaría su implacable actitud entrenando diariamente, los pequeños detalles, la rutina, aquella que puede aburrir, aquella que puede dar pereza pero que ellos repetían cada día porque creían firmemente en ella.

De concentración en Torrevieja

Hace ya casi dos semanas que llegué a Torrevieja para estar entrenando exclusivamente durante un mes y aprendiendo de la élite internacional. Torrevieja ofrece un buen clima para entrenar, especialmente la bici pues hemos tenido algún día de salir de corto, carreteras llanas para meter kilómetros en esta época del año con algún que otro puerto para las salidas largas, caminos por tierra blanda alrededor de las salinas y una piscina de 50m al lado de casa.

Pocas veces en mi vida he metido yo 6 horas de entrenamiento diarias, y de eso hace ya unos años….igual que las salidas superiores a 90kms…la verdad que ya no asimilo tan rápido como cuando tenía 17 años…hay días en los que te sientes a tope y otros en los que parece imposible mejorar, pero como bien dice la primera regla del entrenamiento, con entrenamiento se mejora….así que paciencia y constancia que con el buen trabajo todo llega.

Aquí básicamente se trata de entrenar todo lo que el cuerpo aguante, comer todo lo que quepa en el estómago y dormir con el resto de las horas…

Este fin de semana subo a Madrid para nadar un 800m libres de la Liga de Madrid con mi club de natación de Alcobendas y ver a la persona que más echo de menos en el mundo, y el 7 de febrero, para finalizar la concentración, espero competir en el clasificatorio de duatlón de Águilas, muy lejos todavía de estar en buena forma pero hay que pasar por ello.