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Copa del Mundo de Tiszaujvaros

20130812-171457.jpg“Maldito Karma” es el libro que he empezado a leer recientemente. Debería haberlo sabido; detectar las señales y hacer caso a mi sentido arácnido que nunca me falla. Lo de los 38’5 grados de fiebre, los cinco paquetes de kleenex y los vuelos cancelados y reembolsados deberían haberme bastado. Pero no. Esa pequeña parte de ti llamada Esperanza lo sigue intentando. Maldita Esperanza. “Insert Coin” me dice. Pues tu vas e insertas la tarjeta, que no la moneda. Otro billete de un día para otro. Venga, y entre medias a invernar en la cama a ver si me baja la fiebre a tiempo. Llegamos a Tiszaujvaros, “Tiszy” para el resto del propósito de este post, la noche del jueves habiéndonos perdido el briefing, lo que te condena a perder tu posición en el ranking y salir la última en el triatlón. A Óscar le fracturaron el cuadro en el viaje. Una Cervélo desterrada al cuarto trastero, así como si no costase 5000 euros el cuadro solo. Maldito Karma.

Llega el viernes; momento de reactivar el cuerpo tras tres días de letargo enfermizo. Hmmm, esa extraña sensación de recalentamiento de motor al final del entrenamiento no es buena señal pero habrá que tirar con lo que se tenga.
Sábado por la mañana y me levanto con mejores energías y un hambre insaciable llegando a ser ansioso, lo que tampoco es bueno. No me gusta Hungría para comer; todas las bebidas son carbonatadas, artificiales, la fruta escasa, el pan demasiado blanco, salchichas y demás embutidacos a manta y ni rastro de unas míseras almendritas. Últimamente estoy muy concienciada con la nutrición y no acidificar el cuerpo ni llenarlo de toxinas, pero algo habrá que comer.
Cuatro horas antes del triatlón corrí 15′ muy suaves para activar el cuerpo que estaba atontado en la cama del hotel. Otros 20′ de bici una hora antes del triatlón, preparar Boxes, un poco de gomas, 150m nadados en una esquinita del estanque mientras nadaban las de la semifinal 1 y a cámara de llamadas. Como me perdí el briefing, soy la antepenúltima en escoger sitio en el pontón, así que no queda más remedio que escoger el libre del centro y capear la lucha.
20130812-171526.jpgBocinazo y reacciono rápido. Doy mis primeras brazadas a la par que las de mi lado pero unos metros más y éstas empiezan a quedarse atrás. Llegamos a la primera boya y veo a un grupito muy reducido de cuatro delante, estando yo unos pocos metros más atrás tirando del grupo. Me veo con ritmo para engancharles, pero nos cerramos con tres boyas a la izquierda y empieza el festival de boxeo. Brazos voladores que te enganchan para atrás, cuerpos que trepan por tus piernas y te hunden bajo la superficie con el miedo de no saber cuántos segundos tardarás en volver a respirar. Tú también enganchas a alguna que otra para intentar pasarla por encima, sólo faltaba que fueras tu de mojigata. Tratas de abrirte por el exterior del grupo. Vuelves a meterte a pies de las australianas con sus bañadores verdes y amarillos. Más brazadas-gancho. Se me llenan las gafas de agua y aún me quedan dos vueltas a este estanque. No me está gustando nada esta natación y solo quiero acabarla ya. He perdido el ritmo, la colocación del cuerpo y posiciones. Me falta mucha fuerza para ser competitiva y solvente en estos combates de boxeo.

En la bici nos ponemos de acuerdo varias para ir a relevos y enganchamos al grupo grande. Eolo estaba juguetón hoy. La situación en la T2 es de un grupo de cabeza de 5 chicas y después el mío, del cual nos disputaríamos las 9 plazas restantes. Realmente confiaba en mi carrera a pie que está mejorando y reconozco a chicas que ya había ganado en Palamos. Sin embargo, no me encuentro bien corriendo, con la garganta inflamada aún. Marcho en 15 posición y se que se clasifican las 14 de cada semifinal más las 2 siguientes más rápidas, pero leo mi dorsal en la pizarra de penalizadas. 58. Estupendo Marta, y sabes que es por colocar mal la bici en la T2, porque tú siempre la colocas del sillín y esta vez había que hacerlo del manillar, y la colocaste mal. Dejo la penalización para el final de la carrera, a 100m de meta. 10″ parada más alguno que se le antojó al juez poniéndome el brazo por si se me ocurría salir lanzada. Veo a una argentina adelantarme entrando ella en 16 posición y yo 17. La argentina entró en la final y yo me quede fuera. Tampoco me martiricé mucho, entrar de chiripa no tiene mérito cuando el rendimiento ha sido pobre. Además, me pican los ojos, los tengo rojos y noto que sale humillo del motor, lo que me recuerda que aún no me he recuperado del trancazo y tengo un hambre insaciable.
Maldito el Karma, malito el cuerpo y desgraciada la actitud. El deporte de alta competicion es así.

Me alegro por Cesc Godoy, que hemos compartido viajes en competiciones de junior y ayer hizo segundo en la final tras una gran actitud competitiva luchando todo el triatlón.

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26ª en la Copa del Mundo de Palamós

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No es que yo sea una experta en ser feliz pero con el paso de los golpes he aprendido que la felicidad no es un estado sino una actitud. uno no es feliz por naturaleza sino que uno decide serlo. En algún momento del camino, entre las piedras, los baches y los charcos, uno decide que con la correcta actitud, si en lugar de caminar encorbado se camina con la espalda bien recta, las piedras, los baches y los charcos seguirán existiendo, pero los sortearemos de forma distinta.

Supongo que con esa mentalidad fui a la Copa del Mundo de Palamós, no porque me sintiese preparada para competir contra las mejores de la élite internacional, sino porque allí era dónde quería estar, aún consciente de mis flaquezas, aún consciente de que preparé esta competición en un mes puesto que hace un mes aún estaba nadando 2000m suaves y recién salida de rehabilitación, pero, con ganas de regresar a la lucha, de exponerme a la competición cruda.

This is what I believe to be true; you have to do everything you can and if you stay positive, you have a shot at a silver lining”.

[Esto es lo que creo ser verdad; tienes que hacer todo lo que puedas y si te mantienes positivo, tienes una oportunidad en el lado bueno”.]

The Silver Linings Playbook [El Lado Bueno de las Cosas]

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En el segmento de natación me sentí floja aún, yendo en el paquete durante la primera vuelta de 750m y descolgándome en la segunda mitad. Confío en que iré mejorando mi natación a medida que recupere la fuerza y acumule entrenamientos. La cuestión es que ya salí sin opciones de disputar la competición pero aún así había que seguir esforzándose por hacerlo lo mejor posible. En el segmento ciclista fui en un grupito con cinco chicas y no me importó ser la que más tirase del grupo, básicamente porque a Palamós a pasearme no había venido. Me gustaría que el resto de competidoras tuviesen más una mentalidad de ir a relevos con el objetivo de aprovechar el segmento ciclista para recuperar posiciones en lugar de ir a rueda y dar algún palo sin fundamento de vez en cuando para fastidiar a la única que está haciendo un trabajo real por remontar, puesto que llegamos a tener a un grupo delantero a 15″ de diferencia solamente hasta que mis piernas se cansaron.

Me bajé a la segunda transición con cierto cansancio en las piernas, pero tras el primer kilómetro de carrera a pie y readaptación muscular empecé a sentirme con fuerza y remonté ocho posiciones por las calles de Palamós que tenían su aquel de subida y bajada por medio.

Pero disfruté de ese momento, disfrute de sentir mi cuerpo corriendo rápido, mi rendimiento. Tras este año que ha sido de los más complicados de mi vida como deportista (viniendo de alguien que estuvo tres años sin entrenar y conoce el “lado oscuro de las cosas”) porque te ves con una tendinosis que dura seis meses y te planteas muchas cosas como no saber si serás capaz de volver a competir en triatlón, simplemente poder volverte a poner en línea de salida de una Copa del Mundo aún con los brazos flojos pero sin dolor lesivo, para mi es motivo de estar contenta. Me pregunto si habrá alguien más que se haya parado a mirar los bancos de peces entre el espigón que se rodeaba nadando mientras calentaba antes del triatlón. Como dicen en la película After Earth, inca la rodilla en el suelo y toma consciencia del momento. O simplemente es mi forma de ser.

Grand Prix de Les Sables D´Olonne

Ya casi está. La fase final de rehabilitación; la reincorporación a los entrenamientos. Una fase delicada por ser susceptible de recaídas. “El cuerpo te pedirá más, pero ten la suficiente fuerza de voluntad como para hacer menos” fueron las sabias palabras del Dr. González, mi traumatólogo. En teoría, no debería competir hasta dentro de un mes mínimo, pero en la práctica…en la práctica estaba aterrizando en París esperando a ser recogida por mi equipo francés. Ya estaba inscrita desde hacía tiempo y si no asistía, el equipo entero no podría participar y perderían el dinero. Yo debía salir aunque luego me retirase, pero afortunadamente no tuve molestias durante el triatlón y pude terminar.

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Siempre es buen momento para darse un paseo por París, aunque sea en furgoneta atravesando la ciudad con tráfico denso. Yo había vivido allí en la primavera del 2008 y desde entonces no había vuelto. Después viajamos más de cinco horas hasta Les Sables d´Olonne, al suroeste de Francia. Una vez allí fuimos a correr las chicas y yo por un caminito de tierra al lado del Atlántico para activar las piernas tras el viaje, y después un poco de bici para reconocer el circuito. La temperatura del agua era de 16 grados, pero allí estaban los niños en calzoncillos bañándose y corriendo por la arena como sacados de un lienzo de Sorolla.

El horario francés me sienta bien para descansar y recuperar horas de sueño. Me desperté a la mañana siguiente con tiempo para realizar media hora de estiramientos antes de desayunar…quizás debería hacer eso todas las mañanas en casa…ponerle un candado a la cocina y a internet hasta las 9 de la mañana…¡Cómo aprovecharía las mañanas!

El ambiente que se respira antes de un Grand Prix es relajado, cada equipo tiene una zona de transición asignada y los técnicos, Laurent y Benjamin, están pendientes de ayudarte en todo lo que necesites. Esta vez me nombraron a mi capitana del equipo para firmar el control de jueces, escoger cajón de salida y traducir los mensajes del francés al inglés.

Desde línea de salida al agua había que correr 100m de playa, que no es que sea mi especialidad (aún) y hacer el delfín contra las olas, que es un gesto que quería evitar para mi hombro, por lo que salí de la natación en la posición 34, 1´30″ más lenta que la primera. Tampoco me preocupa dado que este año he pasado más días sin nadar que nadando y sólo llevaba una semana haciendo 2000m diarios variados y suaves. No me dolió el hombro nadando con neopreno en el mar y eso era lo más importante.

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Me subí a la bicicleta y sólo pensé en remontar. Eran 5 vueltas de 4.4km con bastantes giros, un poco de subida, bajada y asfalto mojado por llovizna…¡A disfrutar! Parcial número 14, que a excepción de dos escapadas, me situa en los mismos tiempos que el grupo principal. Como de costumbre, las chicas a rueda esperando que haga el trabajo la motivada de turno como yo.

Carrera a pie en la que me encontré pesada y no hay nada mejor que ese momento en la vida para darte cuenta de dónde estás, a dónde quieres llegar y la distancia que te queda por recorrer…literal y metafóricamente hablando.

Entre en meta en 22ª posición, puntuando para mi equipo que ascendía a 7ª puesto en el ranking y tras un buen trabajo del resto de mis compañeras de equipo.

Después del triatlón fuimos en furgoneta hasta Autun, ciudad muy bonita de estilo medieval amurallada de donde es mi equipo francés. Allí pasamos la noche Sarissa y yo en casa de un matrimonio de dos triatletas del equipo, veteranos ya que participarán en el Ironman de Niza, él con 66 años! A la mañana siguiente nos acercaron a París para tomar el vuelo de vuelta a casa. Agradecerles enormemente el favor. Bon courage!

Grand Prix Lyonnaise des Eaux à Dunkerque avec l´Autun Triathlon

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Mi hombro no esta curado aun, y mi estado de forma en bici y a pie tambien se han perjudicado con tanta discontinuidad. Lo mas sensato era cancelar todas las competiciones hasta tener el hombro curado completamente, vaya usted a saber cuando…pero una parte de mi se resistía a cancelar Dunkerque. Quería debutar en el Grand Prix francés con mi equipo el Autun Triathlon y mi cabeza me pedía competir, volver a experimentar el triatlón, aunque sólo fuera un breve paréntesis entre toda la neblina de mi tendinosis. La última vez que había nadado fue al día siguiente del triatlón de Fuente Álamo, hace un mes, que llore lágrimas dentro de la piscina por el dolor. Este pasado jueves probé a nadar, 1500m; el viernes probé otra vez, 2500m y el sábado 1000m. No siento mucha molestia nadando pero al enfriarse el hombro vuelve a chillar un poco.
Sonó el despertador a las 5 de mañana del sabado. Debía volar a París con escala en Barcelona. Llegué con tiempo para facturar la bici con Vueling, pero el que me atendió me dijo que como había que enviar la bici por la cinta de equipajes especiales, y que la cinta abierta a esa hora estaba muy lejos, que esperase un rato a que abriesen una cinta más cercana a las 6.30 que me daría tiempo. Evidentemente, no dio. No para mi, sino para la bicicleta. Al llegar a Barcelona me informaron que mi bici seguía en Madrid. Llamé a mi equipo francés para que me prestasen una bici y a Óscar que también vendría a Dunkerque más tarde, para que me llevase otro par de cada material de competición (zapatillas de correr, zapatillas de bici, neopreno y gafas de nadar). Pero el universo tiene un sentido del humor curioso y la maleta de la bici de Óscar con todo el material no le llego tampoco en su vuelo.
Lección #1 del Triatleta viajero: lleva en el equipaje de mano el material de competición.
Me sentía como cuando debutas en triatlón con todo nuevo y prestado. Laurent, el técnico de mi equipo, me prestó su bicicleta; Julienne, otra compañera del equipo, me presto un neopreno y gafas de nadar; la madre de Julienne, las zapatillas de bici y los pedales Speed Play, que era la primera vez que los usaba, y Óscar me compro unas zapatillas rápidas que estaban de oferta en una tienda. El casco me lo daba el equipo y el mono de competir ya que vamos todas iguales.
Total, que me presentaba en mi primer Grand Prix con un hombro lesionado, un cuerpo desentrenado y todo el material prestado o nuevo. Puesto que todos los recursos físicos se habían visto alterados, sabía que iba a ser un triatlón psicológico para mi. Lo único que me quedaba era la ilusión, quizás lo más importante y, afortunadamente, aquello que solo depende de mi.
La liga francesa de primera division del Grand Prix Lyonaisse des Eaux es la más profesional a nivel mundial y la organización de los equipos me recordaba a cuando competí en ciclismo. Todas iguales, todas juntas y el equipo pendiente de ayudar con lo que haga falta. Esa filosofía inspira algo que en el mundo de la psicología se denomina Principio de Reciprocidad … Y que en tácticas de persuasión comercial se emplea mucho. Básicamente consiste en corresponder a lo que los otros nos hacen. Cuando alguien te da algo y te sientes agradecido, sientes la necesidad de corresponderles con otro favor, que en este caso es luchar por los puntos para el equipo.

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La natación se me dio mal como cabía de esperar porque no existen los milagros en este deporte, sólo trabajo, por lo que sali del agua más retrasada perdiendo el grupo. El agua estaba a 12 grados y la temperatura exterior también era fría. Me acorde de Bárbara Riveros cuando ella participó el año pasado y me enseñó un plástico que había puesto por el interior del casco para mantener la temperatura de la cabeza, así que decidí probar a hacer lo mismo. En bici me encontré con fuerza y tir bastante del grupo. Era consciente de que esta bici era más pesada y que iba larga de manillar, por lo que trabajar en la bici me pasaría más factura a pie que al resto de las que iban a rueda, pero tampoco era cuestión de ir dando un paseo.
Tenía las manos y los pies entumecidos por el frío en la segunda transición. Empece a correr con fuerza aunque sentía las piernas pesadas. La primera vuelta a pie fue mejor, pero en los segundos 2,5 km sentí la falta de entrenamiento y me adelantaron cuatro chicas que vinieron conmigo en bici.
El puesto final fue 34, pero sé que es muy mejorable. Esto es lo que puedo hacer a nivel mundial sin entrenamiento y sin material. Esta es mi línea cero, a partir de aquí todo es mejorable.

WCS Stockholm – La rebelión bacteriana

Tenía ganas, y, por primera vez, estaba tranquila antes de una competición internacional. Soy más de ciencias que de “suertes”, por eso busco la explicación en una bajada de defensas provocada por cambios adaptativos del último mes, en un viaje que empezaba a las 4.30 de la mañana con 9 horas de aire acondicionado aeropuertuario,  cambio climático del verano pontevedrés al verano estocolmeño, que, para ser francos, en ninguno de los dos sitios existe un verano de verdad, sino una suave primavera…que yo soy más de lagartos al sol que de caracoles a la lluvia…TOTAL, que el viernes por la noche estaba ya más enferma que Torrente en el club Mississippi.

Me desperté por la noche con fiebre, dolor de garganta al tragar, ganglios inflamados, dolor articular, debilidad general. Traté de minimizarlo con gelocatiles e ibuprofenos, tumbada en la cama durmiendo, sudando y bebiendo el sábado por la mañana hasta el momento de la carrera. Con la competición me animé y en cierto modo se te olvida que estás enferma o no eres consciente. Simplemente piensas, ¿por qué voy tan mal? Cuando pasó el efecto de las medicinas me regresó la fiebre y pasé el resto del fin de semana metida en cama enferma.

Tenía muy claro que quería competir y que iba a cruzar línea de meta. Sé bien que de cara a los medios y la opinión pública, lo que cuenta es el resultado independientemente del contexto, pero prefiero quedar la última a retirarme. Si te retiras, no aprendes nada y el estado anímico-depresivo durará más tiempo, mermará tu confianza y el mal recuerdo permanecerá siempre en la memoria. (Si eres capaz de retirarte tan tranquilo sin sentir esto, yo personalmente, como diría Risto, no te compraría.) Pero si acabas, aunque seas el último, aprendes, y eso solo puede hacerte mejor competidor.

¿Cómo se termina el último en una serie del campeonato del mundo que sabes se retransmite en televisión a nivel mundial, que a nivel nacional van a contar la crónica, que los que te desean mal se alegrarán, que el seleccionador nacional no va a contar contigo para la próxima y que vas a decepcionar a tu gente más cercana? Aislándote de lo que hay fuera de las vallas del circuito. Durante el triatlón, sólo importa lo que está dentro de esas vallas. Ese es tu espacio vital, ese es el campo de acción para el cual te entrenas. Agradecer eso sí, a todo el público sueco que me estuvo aplaudiendo y a Marisol Casado, que también la vi aplaudirme.

Llegué tarde anoche a casa y esta mañana pude visitar al médico, quien me recetó un tratamiento con antibióticos. Espero estar lista como un caballo de carreras para el 9 de septiembre que se celebrará en Pontevedra el campeonato de España élite en distancia olímpica.

Liga de Clubes y Copa del Mundo de Bañolas

Novedades del pasado mes de junio…el Cidade de Lugo Fluvial ganamos la Liga Nacional de clubes femenino que se celebró en Canet d´en Berenguer. Era la primera vez que yo entraba la primera en una Liga, puesto que se trata de una carrera por equipos y no individual no se puede decir que ganase pero sí que fuera la que más puntos sumase y marcase el tiempo de corte. Por ese motivo, poco ante de llegar a meta quise permitirme el lujo de pararme y dejar que pasasen los segundos, unos 40 más concretamente, para permitir que entrasen el resto de mis compañeras en ese tiempo de corte para puntuar. La verdad que no tenía referencias y no sabía si al hacer esa estrategia, estaría permitiendo también que puntuasen otros equipos, algo que podría perjudicarnos.


La otra competición importante de este pasado mes fue la Copa del Mundo de Bañolas, en Gerona, terminando en la posición 21º la cual considero bastante mala. Al cansancio acumulado, pues desde el mes de marzo tan sólo había parado dos fines de semana sin competir, se juntó una caída días antes en Pontevedra mientras entrenaba en bicicleta bajo la lluvia. Tenía un fuerte hematoma en la cadera izquierda a nivel intramuscular que daba pinchazos al correr y un dolor en la muñeca derecha que a día de hoy me sigue molestando. No es que esto fueran excusas, pero sí factores que van sumando, y cuando ves que las últimas carreras van a peor y que el cuerpo no recupera, que pasa fatigado todo el día, es momento de tomarse un descansito, que la temporada es muy larga y quiero llegar a octubre. Así que paré una semana completamente y ahora arrancando motores otra vez.

World Championship Series de Madrid, mi debut dextro

Ground Zero. Así es como llamaron a ese fabuloso solar que se quedó en aquel lugar que antes llamaban World Trade Center (Nueva York). Probablemente el descampado más caro del mundo. El caso que un nombre de semejante rimbombancia -que nada tiene que ver con el verbo rebombardear- solo puede servir para marcar el final de un principio y el inicio de una nueva etapa. Para mi, mi ground zero era Madrid, concretamente aquel huerto que hay en la Casa de Campo.

La Casa de Campo y yo habíamos compartido buenos recuerdos, hasta que un día, coincidiendo en septiembre con el tercer aniversario de Ground Zero, tuve un desafortunado debut en copa del Mundo ITU. Me doblaron en el segmento de ciclismo y no fue un recuerdo muy agradable. Más adelante, en el 2008, fue mi primer triatlón olímpico tras mi parón de tres años, sin entrenamiento y con diez kilos de más, me volvieron a doblar en bici. Así que cuando me avisaron cuatro días antes que iba a debutar en las Dextro Energy World Championship Series en Madrid, estaba algo más que nerviosa. Además era la última prueba de clasificación olímpica, y por mi cabeza pasaba la idea de que si seguía mi línea de progresión de mis dos últimas copas del mundo, había una ínfima posibilidad de que pudiera ir a los JJOO. Sin embargo, sucedió mi mayor miedo, nadar mal e ir aún peor en bici. Creo que hasta mitad del segmento ciclista no se me quitó la cara de susto que llevaba. Nadé con la sensación de estar en el programa de centrifugado de una lavadora con agua en las gafas y empecé a pedalear con unas piernas con menos fuerza que las de Pinoccio. Boqueaba cual pececito fuera de su charca. Me faltaba aire, la garganta seca, las piernas cansadas. A la tercera subida al teleférico de ocho, me quedé de un grupo que posteriormente enlazó con cabeza de carrera. Aquellas a las que yo había tensado en Huatulco un par de semanas antes me tensaron a mi. Fuí absorbida por un grupo posterior hasta que nos bajamos a correr. A pie tampoco tuve un buen día ni un gran parcial, aunque fue el segmento que mejor hice. Pero logré finalizar. Puesto 47º, que no es un gran puesto pero es el primero que hago en las series mundiales. Casa de Campo…touché. Y en cuanto a mi Ground Zero*, creo que a partir de ahora puedo empezar a sembrar y llamarlo Round One*

* Zona Cero; Ronda Uno.