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Victoria en Fuente Álamo

Después del viaje de Ishigaki, pude descansar dos días en casa en los cuales el mayor esfuerzo que hice fue pasear a mi perra, el resto del tiempo lo pasé comiendo y durmiendo porque a mayores del jetlag, cogí frío con tanto aire acondicionado de avión y estaba algo pachucha. El viernes partí con el coche rumbo hacia el Puerto de Mazarrón y por la tarde traté de activarme un poco haciendo 1 horita de bici. El sábado quise aprovechar para entrenar y empecé el día con un rodaje a pie y una natación en el mar. Después ir a Fuente Álamo a por los dorsales, preparar la T2, comer un bocata de tortilla de patata que se me antojó aunque luego me acordé de él en el triatlón…y en poco tiempo estábamos en línea de salida….

Y aprovecharé para hacer un guiño hacia el triatlón femenino. Es muy difícil lograr que más de cien mujeres se inscriban en un triatlón. Somos el sexo débil para unas cosas pero el fuerte para otras, así que tenerlas a todas ellas dispuestas a iniciar el triatlón en las condiciones climáticas de aquel momento, se puede decir que propias de una bandera roja en la playa, es buena señal de crecimiento que hay que apoyar. Mis ánimos para aquellas que no pudieron terminar el segmento de natación, espero que puedan disfrutar mucho en el siguiente que hagan.

Inicié los 10km ascensión con otras compañeras que se fueron quedando hasta alcanzar a Melina, que había salido antes del mar embravecido. Nos entendimos bien y decidimos seguir juntas a relevos hasta llegar a Fuente Álamo. La tormenta primaveral había dejado charcos en el asfalto y descolocado las cajas de boxes en la T2. Mis zapatillas Zoot habían volado fuera de la caja así que tardé un poco en encontrarlas. Empezamos a correr y atención al momento videos de primera cuando llego a una curva y me resbalo pisando en una línea blanca con charco en un giro cayendo al suelo y dejándome las dos rodillas. Escuché un “Uyyy” cuando me caí yo, y después otro “Uyyy” y pensé “Ah también se ha caído Melina”…jeje

Pude disfrutar de la victoria tranquilamente y quise aprovechar para saludar a la gente, ir tranquila por la recta de meta. No existen muchas metas como ésta; ha cambiado poco desde que la conozco. Yo era una niña de trece años que iba a hacer de sus primeros triatlones con sus amigas y compañeras de equipo Tamara y Marina y a salir de fiesta después con los mayores. Un año más tarde seguía siendo esa niña que viajaba en la furgo del equipo T3, dormía en el saco de dormir en el pabellón, comía la pasta de la organización, y recuerda una fiesta con un Benito subido al escenario cantando con un cono, los del Ondarreta disfrazados como siempre, y Felipe recogiéndonos a las 8 con la furgo para volver a Madrid de empalme. La meta cambió de calle hace unos años, pero sigue su larga moqueta roja, sus flores a ambos lados, la grada con la gente animando y el gran avituallamiento con fruta. Hace cuatro años, éste fue el primer triatlón que escogí para volver a entrenar. El retorno ha sido muy lento, muy discontínuo, pero el pasado sábado, esa meta me vió entrar primera. Y si Ginés quiere, nos volveremos a ver. Mis más sinceras gracias a Ginés por lograr hacer realidad este triatlón durante ya 23 ediciones, que en los tiempos económicos que vivimos, lograr semejante despliegue requiere mucho amor por nuestro deporte, por algo lo llaman el triatlón de los triatletas.

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