Una Triatleta en el Mallorca- Celta

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Una explanada relativamente pequeña, dos puertas opuestas y un esférico es todo lo que se necesita para jugar al fútbol. Un lago, mar o río, una carretera y una calle de dimensiones kilométricas, además de una bicicleta y demás complementos aleatorios del tipo gafas para el agua, casco por seguridad y zapatillas es lo que se necesita para hacer un triatlón. Podrías jugar al fútbol descalzo en una playa o hierba, en cambio practicar triatlón descalzo no es muy recomendable para pedalear o correr kilómetros seguidos.

Alrededor de la explanada puedes construir cuantas gradas quieras, puedes albergar desde 20.000 personas hasta 150.000 como ocurre en el estadio de Reungrado Primero de Mayo, en Corea del Norte, pasando por los más de 99.000 del Camp Nou o más de 85.000 en el Bernabeu. En cambio, las gradas más elevadas que he visto en triatlón tenían 6 filas en el campeonato de Europa de Pontevedra. Puedes cobrar entrada a 20.000 personas en fútbol pero en triatlón quizás no vendas ni una. Con suerte, un grupo de transeúntes se pararan a lo largo de un circuito a ver triatletas pasar. Algunos aplaudirán, otros se quejarán del tráfico cortado.

Puedes entrenar fútbol en un parque público gratis. Entrenar la natación gratis puedes, en el mar y en verano según en qué regiones.

Cada partido de fútbol tiene 15 minutos de descanso en los cuales es típico que esos mínimo 20.000 espectadores gasten dinero en perritos calientes, salchichas alemanas, hamburguesas, bocatas, palmeras de chocolate y bebidas. En un triatlón es difícil ver una carpa que venda comida y bebida a los espectadores, y dudo que los padres quieran comprar barritas energéticas y probar el último sabor de isotónico en el mercado.

Ver un partido de fútbol no requiere mayor cansancio que el subir dos o tres pisos de escaleras, pasar sentado una hora y media, y volver a bajar las escaleras, mientras que aquellos que acúden como espectadores a un triatlón acaban con fatiga e hinchazón en las piernas por pasar horas de pie realizando desplazamientos de un punto a otro del circuito bajo el sol, viento o lluvia, por no contar el posible madrugón que se hayan tenido que meter.

Rodeando al estadio de fútbol se pueden encontrar tiendas en las que adquirir camisetas de los jugadores, bufandas, banderillas, algunas hasta gratis para animar, precios asequibles desde 10 euros hasta 70 euros las camisetas más caras…rodeando la zona de boxes puedes adquirir calcetines de compresión por 80 euros, monos de competición por 150 euros, neoprenos por 500 euros…

En un estadio de fútbol, a los espectadores les quitan los tapones de las botellas para que no los tiren al campo… los triatletas tiran botellas de agua sin tapón practicamente llenas fuera del circuito.

En un estadio de fútbol tienes dos pantallas grandes con el marcador y repeticiones de las jugadas, en un triatlón tienes al entendido de al lado con un cronómetro diciéndote la diferencia del tiempo entre cabeza y el grupo perseguidor.

Los estadios están habilitados con zonas especiales para los medios de comunicación con fotógrafos a pie de campo, la televisión, la prensa en tribuna con enchufes de electricidad para conectar los portátiles…en un triatlón tienes a nuestro “Parrita” con la cámara de video en mano discutiendo con los organizadores para grabar la carrera, así como medios electrónicos cuya crónica a menudo está viciada por “favoritos” de ciertos grupos de poder.

Alrededor del campo hay carteles de publicidad estratégicamente colocados para que se les vea a través de la televisión…en el área de transición y zona de meta nosotros tenemos banderolas y vallas que pueden caerse si sopla el viento con fuerza, además de una retahíla de criterios que limitan la publicidad que un triatleta puede llevar en competición.

   ¿Y aún nos preguntamos por qué el fútbol mueve tanto dinero y el triatlón en España no es profesional?

Respecto al partido en sí, el Mallorca – Celta, fuí a verlo con un mallorquín y un gallego. Yo, como madrileña y no aficionada, al menos pude ver cómo el Mallorca marcaba un gol en el último minuto y el estadio se emocionaba, la mascota disfrazada de diablo estallaba de euforia, los jugadores se quitaban la camiseta -¡Por fin!- y hacían realidad aquello que tarareaban al inicio del partido “Sí se puede”.

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2 pensamientos en “Una Triatleta en el Mallorca- Celta”

  1. Es una pena ,pero a veces lo deportes de mas desgaste y mas alta itensidad, en todos los sentidos,sin un gran respaldo economico y publicitario,no son tomados en cuenta.Evidentemente no es relativo el desgaste fisco,con el aporte economico percibido.Menos mal, que los que nos dedicamos a esto,sea profesional o aficionadamente,lo llevamos en nuestras venas y seguira siendo asi.

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