Copa del Rey en Pulpí

Rafa Nadal toma un trago de una de sus dos botellitas de agua mientras la otra sostiene su raqueta, se levanta y camina hacia su terreno de juego con cierto aire de baile folklórico para cruzar las líneas con su pie derecho recordándonos a todos aquella etapa de críos en la que no podíamos pisar las rayas del paso de cebra. Se ajusta la bragueta de los pantalones, sube sus calcetines y se asegura una y otra vez de tener el pelo bien metido tras la oreja a la vez que hace botar la pelota mientras el mundo entero espera a que Rafa gane el punto. Buena suerte dicen algunos, ¿acaso existe? ¿Funcionarán las botellitas de Nadal con la misma eficacia que las bolsas de agua colgadas con las moscas? Y si Rafa se cortase el pelo como hizo Ramos, ¿metería puntos con la misma incertidumbre que el otro penaltis? Y, más importante si cabe, ¿estaría más guapo?

Para la Psicología, una superstición es una atribución causal errónea, pero cierto es que el ser supersticioso está tan arraigado en nuestra historia que trasciende lo cultural y religioso hasta el punto de que pueda ser una herencia genética de nuestros ancestros del pleistoceno. La especie humana lleva más años de atribuciones causales basadas en coincidencias que en la ciencia. El instituto de metereología y los satélites son relativamente nuevos comparados con la danza de la lluvia. Nuestras acciones están más acostumbradas a actuar ante la respuesta emocional y primitiva del cerebro, el talo encefálico, que de la parte más racional y de última incorporación al sistema, el neocortex. Aprendemos antes la ley de la gravedad gracias a la ley de Murphy cuando se nos cae la tostada del desayuno que por la manzana de Newton, así como los refranes populares sobre escaleras y espejos y…en serio ¿Pasos de cebra? ¿Líneas de las calles? ¿Calcetines de la suerte?

Yo no me considero supersticiosa pero sí que admitiré que cuando ví que, mi compañera de piso en Pontevedra, Alba, a quien pedí me cogiera mi mono de competición dado que yo estaba en Madrid, me había cogido sin querer el mono roto por mi caída en Pulpí el año pasado, pensé uyyy…historia la cual aderezo con el pequeño detalle de que en los últimos tres años, he tenido problemas en las competiciones en Pulpí, bien por avería bien por caída bien por descalificación. Bien.

La cosa fué así, dimos la primera vuelta de un total de cuatro para el segmento ciclista y las referencias eran de que no habíamos ganado ventaja con respecto nuestro mayor rival, el Diablillos de Rivas, por lo que dejamos arrancar la segunda vuelta dejando atrás a Diana, la más joven de nuestro equipo, de la cantera del CGTD, puesto que era la menos fuerte en bici. En el pase de la segunda vuelta ya habíamos metido 35 segundos a las Diablillas, momento en el cual empiezo a sentir que me bota un poco la rueda trasera. Pinchazo. Lo peor no era subir, sino bajar en llanta patinando con riesgo de caída. Perdimos mucho tiempo y nos costó la victoria que habría supuesto tres años siendo campeonas consecutivas de esta prueba por equipos contrarreloj y la posesión de la Copa del Rey. Aún así conseguimos quedar terceras, pudiendo mostrar nuestro pequeño apoyo a nuestra compañera de equipo Beatriz Tenreiro y a su marido, quienes están pasando un mal momento, pero fue un error haber prescindido de Diana tan pronto.

Al día siguiente aquella prueba que mucha gente no correría si no fuera porque te la encasquetan con la Copa del Rey. Aquella prueba que haces una vez al año, sin haberla preparado y que alguno hace hasta con resaca, el Campeonato de España de Acuatlón. Yo venía de dos semanas regenerativas por lo que no tenía chispa en el cuerpo para correr ni nadar rápido, por lo que anduve la primera carrera en una posición retrasada. Al llegar a boxes confundí mi dorsal 71 con el 77 y de camino a la playa según me colocaba las gafas de nadar me di cuenta de que aquellas no eran las mías. Sin embargo pensé que alguien de mi equipo me las habría cambiado, psicologías de la vida, y me tiré a nadar sin pensármelo dos veces. Evidentemente, al salir del agua en cuarta posición me comunicaron que estaba descalificada, confirmando un hecho: Soy muy ingenua.

Pedí perdón a Rocío, del Bricosa, quien sufrió mi despiste y a quien también atañe el tema central de este post, puesto que ella fue víctima el año pasado del mismo percance en el acuatlón, es decir, era el segundo año consecutivo que le quitaban las gafas en la transición en el acuatlón.

Anuncios

Un comentario en “Copa del Rey en Pulpí”

  1. Muy buena crónica, es la primera vez q entro en tú blog y me ha gustado.
    Otra cosa la foto , que tienes de perfil, te han dicho alguna vez que te pareces a la hija de Julio Iglesias.

    Suerte, en tus próximas competiciones.
    p.d
    Ah, estas guapa en esa foto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s