Copa del Mundo Huatulco (12º)

Acabo de hacer mi mejor resultado en una Copa del Mundo, 12º, y el pensamiento que me ronda la cabeza es, ¿Podría haber corrido 10 segundos más rápido? ¿Podría haber hecho décima? Podría, podría… could I, would I, what if?

No voy a negar que el calor infernal de Huatulco nubla el pensamiento. El cuerpo se pone en modo supervivencia y piensas más en cruzar meta que en lo que te estás jugando. Corres con la sensación de que si aprietas el ritmo te puedes marear, juegas con la incertidumbre, pero siempre te quedará la duda de si fuiste demasiado precavida. Creo que podría haberme permitido el lujo de llegar más cansada a la meta (Habrá quién me esté leyendo y esté pensando ahora mismo, “esta chica está mal de la cabeza”). Lo cierto es que nosotros, los deportistas, tenemos dos estados, cansados o no, y para cada situación, su estado correcto. Entré en meta y lo primero que hice fue meter la cabeza en un cubo de agua con hielo mientras voluntarios me tiraban una toalla mojada por la espalda. Luego me senté en una silla a beber agua y a los 5 minutos ya estaba completamente recuperada. En vista de cómo llegaron compañeras mías, tumbadas más tiempo que yo en camillas, una de ellas tuvo que ser ingresada en el hospital todo el día, creo que podría haber sufrido más y haber alargado mi tiempo de recuperación tras la meta a 10 minutos que no hubiera pasado nada y el resultado final hubiera sido mejor. Lección aprendida para la próxima. No hay nada como la experiencia. Unas llevan diez años corriendo copas del mundo, otras empezamos hace uno.

Llegué muy cansada a Huatulco pues me informaron de que había sido inscrita el día que partía a Fuente Álamo, una semana antes de la competición. Ésta sería mi séptima competición seguida en cinco países distintos. En dos semanas había tenido una diferencia horaria de 14 horas. Aunque lo peor son la cantidad de horas viajando y el poco entrenamiento que eso te permite hacer. Se puede decir que llevo cinco semanas entrenando un poquito suave en distintas ciudades, que es un privilegio sin lugar a dudas, pero a estas alturas mi rendimiento se basa más en mi línea base en lugar de en una preparación específica.

A las 8 de la mañana dieron la salida y allí fuimos a la batalla. Salió un grupito de 6 destacado del agua y se entendieron bien en el segmento de ciclismo. Jugaron bien sus bazas porque ninguna de ellas era buena corredora. En nuestro grupo en cambio, más numeroso con buenas piernas, reinó el pasotismo y a ver pasar las 8 vueltas cansinas. Perder el tiempo en el llano tiene delito. Quisiera destacar qué bien sube, baja y gira mi bicicleta Globulonero Zetauno. ¡Qué gozada! La primera siempre. Eso sí, tampoco era cuestión de abusar y hacer el trabajo a las otras veinte bicicletas que iban detrás todo el segmento ciclista.

Y llego la carrera a pie de la cuál ya he hablado antes. Este post es como las películas que empiezan por el final…con una cronología cíclica, que no es lo mismo que un flashback.

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